En estos agitados tiempos de
manifestaciones, indignaciones y plantones en contra de la reforma al sistema
de salud, se me ocurre comparar algunas causas (que son única y exclusiva
responsabilidad del gobierno) con lo que se denomina mala práctica médica.
Es
sabido por todos que cuando se inicia un proceso jurídico en contra de un
médico o institución médica la condición humana pasa a un plano secundario y lo
único que parece importar son los resultados. Independientemente de que se trate
de humanos, los abogados y familiares demandantes siempre esperan que el
resultado de las intervenciones sobre los enfermos sea algo benéfico,
lógicamente, pero automatizado, como si la fisiología de nuestra especie fuese
algo mecánico y no existieran las variables entre un individuo y otro.
Pues bien, ¿Por qué no cuestionar al Estado desde esa misma óptica?.
¿Dónde podemos encasillar la culpa de
los gobiernos pasados y actual al implementar y manejar un modelo de atención en salud que nunca pudo operar tal como
fue concebido?.
El Estado ha sido IMPRUDENTE. No fue
capaz de prever que la operación del sistema por parte de los intermediarios
que ordenó crear (las EPS), terminaría estafando y desfalcando al sistema. Aún
a pesar de conocer el modus operandi de estas empresas, fue permisivo y hoy por
hoy nos encontramos con que el sistema tal y como lo conocemos no es
sostenible. Ha sido un Estado temerario que en su afán de componer el sistema
a las carreras, y desde un punto de vista meramente económico, quiere
implementar reformas que definitivamente no ayudan a buscar los objetivos de
fondo, llevando a vivir la peligrosa incertidumbre que tenemos hoy.
El Estado ha sido NEGLIGENTE. Ha pesar
de saber y de estar enterado de las fallas, tuvo más de 20 años de constantes y repetitivos errores que terminaron costando numerosas vidas. Por inobservancia, permitió la negación de servicios, a pesar de estar contemplados en los manuales de
funcionamiento, esa fue una constante.
El Estado ha obrado con IMPERICIA. Lo
común en la mayoría de los puestos administrativos que deben regir el sistema
es que se nombren personas que no tienen ni el conocimiento ni la experiencia necesaria,
pues la burocracia prima y hoy sólo se habla de proyectos de ley del talento
humano para la parte asistencial, parece ser que para la parte administrativa pueden seguir complaciendo a los mismos politiqueros o "puesteros" de siempre.
¿El Estado ha operado con DOLO el
sistema de salud? Lo dejo como pregunta. Creo que todos alguna vez hemos sido
pacientes y cada quien opinará según le haya ido en esos menesteres.
La irresponsabilidad estatal es inocultable.
Cuando se trata de fallas que llevan a
una presunta mala práctica médica, la comunidad y algunos medios de
comunicación son implacables. Abundan los juicios a priori y nunca faltan los
abogados y juristas voluntariosos para determinar las responsabilidades de los
implicados.
Es una lástima que no se esté obrando de la misma manera para
intentar reparar este perverso sistema o para al menos cuestionar este mediocre
intento de reforma.
Lo fundamental para el sistema
no deben ser las cifras ni los indicadores, aunque un sólo paciente bien atendido sea un universo de buenos indicadores, esto sólo es bien valorado si representa una disminución de costos a la operación económica. Los
gobiernos le dieron la potestad a las
EPS de mirar a los pacientes como un activo, lastimosamente los tratan como si
estos activos generaran sólo gastos y no consideran que deben ser objeto de
inversión. No se han dado cuenta que siempre será mejor cualquier tipo de medicina preventiva. Es lógico que los administradores del sistema no lo vean así. No tienen
la fibra holística que se adquiere en las facultades de medicina. Tal vez mi
terquedad no me haga entender el porqué no le confiamos el manejo de un banco a
un médico, pero si el manejo de un hospital a un economista. Debe ser que no
poseo un sentido matemático de la vida. Es una falla para el sistema que me
hayan educado para hacer sobre el paciente lo que haya que hacer, sin reparar
en gastos. No todos los tratamientos son costosos, aunque para su diagnóstico
se haya tenido que invertir mucho dinero en el conocimiento de quien lo
diagnostica.
El origen de la
obligación legal determina que desde el momento que un agente de la salud,
acepta el ingreso de un paciente a un establecimiento público o privado o bien
desde que comienza la atención de un paciente, nace un contrato de
cumplimiento obligatorio y con dicho contrato se originan los derechos y
obligaciones de las partes. El derecho del paciente a recibir la atención
debida y la obligación de los profesionales de la salud a prestársela. A su vez
nace el derecho de los profesionales a percibir una retribución por sus
servicios y la obligación del paciente o del Hospital, o de la EPS a satisfacer
dichos honorarios o retribución mensual convenida. Todos los profesionales de
la salud desde Instituciones Médicas y médicos, hasta enfermeras y auxiliares que hayan participado en la atención de un paciente que resulte dañado, de acuerdo al grado
de participación de dichos agentes de la salud intervinientes en el tratamiento, éstos pueden haber tenido distintos grados de responsabilidad en la efectiva
producción del daño. La solidaridad en este sentido implica que todos y cada
uno de los agentes intervinientes son individualmente responsables por la
totalidad del daño ocasionado, siendo facultad del Juez, de acuerdo a las
pruebas que se presenten en el proceso, atribuir o exceptuar a cada uno de los
agentes de la salud intervinientes de un mayor o menor grado porcentual de
responsabilidad en el hecho dañoso.
En ninguna parte se habla de ahorro de los gastos
económicos. Además, ¿porqué no incluir en
esta definición al Estado?.
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